Seleccionar página

¡GRAN momento!

Hoy no vengo a contaros nada sobre bichos raros de otros lugares. Hoy el bichejo raro soy yo.

Os traigo la práctica más esperada por todo veterinario. Y no, no es apta para sensiblones.

Mi abuela siempre me decía, “pero África, ¿seguro que quieres estudiar veterinaria? ¡¡¡Vas a tener que meter la mano por el culo a las vacas!!!” ¡Pues así es, abuela!WP_20150319_10_54_33_Pro

Esta semanita pasada tuvimos el gran momentazo. Y para todos los que queráis saber qué se siente, diré que ¡calentito! 🙂

Tras el gran éxito que tuvo en Facebook, os adjunto después un enlace con el vídeo del momento. Os va a gustar, creedme.

Técnicamente, la práctica conocida como “tacto rectal en vaca”, consiste en tocar, a través del recto, los ovarios de nuestra querida amiga, para poder evaluarlos, pero creo que esto no os interesa tanto. Las preguntas más frecuentes han sido “¿Qué se siente?”, “¿No te dio asco?”, “¿Metiste todo el brazo?”…y otras tantas del estilo.Tacto rectal por África Banzo (2)

He de decir que no se le hace daño a la vaca, para los que podáis pensar que sufre, en serio, las heces ocupan bastante más que mi brazo, llamadlo experiencia.

Como ya he dicho, calentito, muy calentito. Súper a gusto. Metí toda la longitud del brazo necesaria para llegar a lo que tenía que tocar (sí, con la oreja bien pegada). Y por último no, nada de asco, a pesar de lo que penséis tras ver el vídeo, pero en verdad, cosas peores hay en este mundo. Si tenéis más preguntas no lo dudéis, estaré encantada de matar vuestra curiosidad.

Una sesión merecedora de un post en Cambio de Continente.

No escribiré mucho más, mejor vedlo vosotros mismos. Una imagen vale más que mil palabras, y si le ponéis sonido al vídeo, ya ni os cuento.

¡100% recomendable! ¡Risas aseguradas!

¡Suerte para todos los valientes! 😀

 

#Provolo11315

Otra de prácticas :)

Ooooootra práctica. Ya os dije que lo que nos pase a los veterinarios no le pasa a nadie más. De nuevo mis queridas ovejas, bueno, mejor dicho, esta vez son mis queridos carneros…

“Exploración del aparato genital del macho” como título explicativo de la sesión de hoy.

Nos explican, echamos un vistazo y ¡estamos listos! Toca la tan esperada palpación…

Profesionalmente hablando, palpación testicular, “tocar los huevos” para entendernos bien todos. Literalmente. Debemos comprobar textura, temperatura, posibles adherencias, desplazamientos, algún signo de dolor… La verdad es que fue entretenida, estaban blanditos! No sé, me hizo ilusión tocarle los testículos a un carnero, nunca lo había hecho…Oveja por Juan Pablo Lauriente

Pobres bichejos, 7 u 8 alumnos por grupo de prácticas que nos pasábamos la mañana masajeando sus partes más íntimas…y les gustaba, porque ni se movían… xD

Otra cosa fue la segunda parte, “exteriorización del pene”. Esto ya eran palabras mayores, y si no que se lo digan a los pobres lanudos… ¡hay zonas más sensibles, hombre!. Esta parte fue algo más complicada, la verdad. Tenía su técnica. Según el profesor, “se necesita hacer varias exteriorizaciones para coger el truquillo”.

Pues al lío, empezaron mis compañeros de grupo, que además son mis amigos. Mis chicos de aquel gran 3B. A cada uno le llevó entre 10 minutos y cuarto de hora. La verdad es que parecía difícil. Entonces fui yo, la última en probar, con los correspondientes comentarios que tus amigos, algo alterados aún hormonalmente, suelen hacer en estas situaciones tan maravillosas de la vida… Pues, para colmo, no tardé ni 10 segundos en hacerlo. Fue la risa del día. Sí, efectivamente, ten amigos para esto… Hasta el profesor estuvo un ratillo riéndose tras la saga de comentarios. Gracias chicos.

Historias para el recuerdo. En cada cena o merienda que nos juntamos siempre acaba saliendo alguno de estos momentazos, y es que son anécdotas que recordaremos toda la vida. Momentos de los mejores años, los de estudiante, o eso dicen los que ya han terminado. Mientras tanto, vamos acabando nosotros, y seguiremos recopilando historietas para contar, seguiremos “liándola” en cada práctica…

Una de prácticas…

Como ya os dije en la presentación de este blog, también me gustaría compartir con vosotros los mejores momentos de mis prácticas. Así que, como digo, hoy toca una práctica, pero no una cualquiera, no, sino la primera práctica de toda la carrera…

Si en el fondo Veterinaria suena bien. Suena a lindos animalitos, cachorritos por aquí, corderitos por allá, terneritos por el otro lado… pero no os podéis ni imaginar la de riesgos que tiene, lo que un estudiante de veterinaria tiene que hacer por su amada carrera…

En mi primera práctica (repito lo de PRIMERA por si no ha quedado claro), cuando acabas de llegar, cuando aún no conoces a nadie, que sigues con los mismos nervios del primer día por si no consigues hacer amigos (aunque luego no harás amigos, harás una familia (momento Friends)), y cuando no has comprado todo el material todavía, te recuerdan por qué escogiste esto.

Consistía en “trabar” a una oveja (atarle las patas). Parece fácil, no digo que no, pero cuando te toca la oveja más gorda y aún no tienes el mono ni las botas de la granja, lo miras con otros ojos. Había que hacerlo obligatoriamente, y como ya he dicho, NO llevaba la ropa más adecuada…”pero va, si es sólo trabarla” pensé, y me lancé.

Mi camiseta, mis vaqueros y mis converse quedaron impregnadas de un estupendo olor a rebaño que casi me desmayo. Pero no lo sufrí yo sola, y digo esto porque cuando me subí a casa tuve que coger el autobús urbano. Imaginad la cara de esa gente que viaja tranquilamente cuando de repente se sube al bus una persona con semejante olor… Me miraban raro, ¡cómo para no!

¡¡¡ Seis veces tuve que lavarme las manos para hacer desaparecer esa “eau de tocorderitosilette” !!!

Aún recuerdo la cara de mis primas cuando entré en el piso “Niégalo Todo” (así llamamos al piso de estudiantes donde vivimos)… ellas siguen pensando que robé un par de ovejas de la facultad. O la cara de mi tía cuando la pobre mujer abrió la bolsa de basura en la que había metido todas mis pertenencias de aquella magnífica jornada…

Por eso digo que no sólo sufro yo esta carrera. Todos los que me aguantáis tenéis que aceptar que un día llegue con olor a oveja, otro en el que los productos de desecho sobresalgan de las botas, o los pelos de los animales den otra textura a mis prendas.

En el fondo, esto es lo que hace especial esta carrera.

Mil y una historias que os iré contando.